jueves, 29 de octubre de 2009

MUY PARECIDO A OLD TRAFFORD





La gente, en general, estrena medias, zapatos, pantalones y hasta pechos con siliconas. ¿Pero un estadio? No. Un estadio no se estrena todos los días. E Independiente, el potentado del barrio, lo hizo.Si bien ya dispone de una serie de amenities, como se les dice ahora a la terraza con parrilla o al lavadero, al estadio le faltan los detalles finales, alguna canilla que no se quede sin agua, lo que en el mercado inmobiliario define si estamos en presencia de una propiedad stándar o de alta categoría. Y le falta el techo, que no es un detalle si lo que se construye es la Doble Visera. Es como si se remodelara el estadio de Boca y, más que una bombonera, pareciera un pote de helado de Freddo. Tiempo al tiempo, entonces. Cuando se termine de construir y la capacidad llegue a 45.000 espectadores, además de ser el mejor estadio de Sudamérica, la Visera será Cuádruple. Los hinchas de Independiente, con esa fascinación tan común entre quienes se disponen a disfrutar de algo nuevo, lo recorren sin esconder el orgullo, uy mirá qué buenas que están las troneras, qué fantástico que no haya foso, qué genial que los jugadores salgan a la cancha caminando al ras del suelo como en Old Trafford. Porque el estilo es ése: el del estadio del Manchester. El Old Trafford de Avellaneda.Poco a poco, y acaso lo más importante para que el estadio deje de ser una maqueta, los hinchas lo habitan, prueban a puro salto la calidad del hormigón, le inyectan sonidos, lo sacan de ese estado de asepsia que más que en una cancha bien podría resultar interesante en el nuevo edificio del Centro Medicus.Por allí, entonces, un señor grita "dale Rojo" subido a una de las flamantes butacas rojas (si esas butacas estuvieran en un cero kilómetros todavía llevarían puesto el plástico). Por allá, la barra se esfuerza por tomarle el pulso a los nuevos paraavalanchas, que no, señores, todavía no se fabrican con airbags.Los vestuarios son amplios, cinco estrellas. Los palcos cuentan con plasmas. La cancha -en algunos sectores hay acrílicos en lugar de alambrado- se ve bien desde todas partes. O, al menos, se ve mejor que antes, cuando las tribunas estaban más inclinadas. Sobre el verde césped, los bancos de suplentes parecen extraídos de la primera clase de un avión de British Airways. Y los arcos son los de siempre (o si los cambiaron no se nota). Son los arcos donde con Erico, Bernao, Bochini, Pusineri o Agüero se hicieron los goles que construyeron la maravillosa historia de Independiente. Que anoche volvió a casa. Home sweet home, se diría en Manchester

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JELUZ