
Habrá que darle la razón al Tolo Gallego. El técnico insistió, lo marcó como prioridad, trabajó sobre la cabeza de Comparada, lo embaló. Y el primer resultado dice que en su casa, renovada pero vieja casa, Independiente fue más local que nunca. Hay algunos jugadores que jamás pisaron el viejo estadio de la Doble Visera, como Piatti, pero parece que conocieran todos los rincones desde que nacieron. La motivación de ser el dueño, ese orgullo que genera el suelo propio, la alegría del regreso al infierno encantador, generan que Nacho, mimetizado en la mística de la que tanto le hablaron, juegue el partido que soñó desde que llegó, con dos goles, una asistencia y presencia de tiempo completo (no un flash de 15 minutos). Y si Piatti está así y se puede juntar con el Patito Rodríguez, con Mancuello y Silvera exhibe su versión de delantero elegante y a la vez letal, Independiente es un equipo de Primer Mundo, como buena parte de su estadio. Un equipo que invita a soñar con la pelea grande hasta el final.Pero, claro, Independiente es una metáfora perfecta -no a medias- de su estadio. Los lujos internos del Libertadores de América merecían esos goles a favor. La parte que está en construcción es la que destapó Mohamed desde mucho antes de que empezara el partido, esa precariedad que muestra para retroceder mirando el arco propio como si sus jugadores tuvieran espejos retrovisores para mirar qué hacen los rivales. Dos caras tiene Independiente. La que promete lujos (y los regala) en ataque y la que se expone en defensa. El Turco descubrió en la previa por dónde hacerle daño y puso a Quilez y a Ricky Gómez a hacer equilibrio sobre las líneas. Con ellos dos, más Ramírez y los dos puntas, Colón por momentos atacó con cinco y generó un 2-1 incómodo sobre Vella y Mareque. Hubo un par de avisos antes del golazo de Nieto, que llegó justamente después de una gran jugada construida por todo el ataque. Aunque nunca supo sacarle la pelota a Piatti y ahí estuvo su pecado.Y al final, hubo que sufrir todo el descuento por otra distracción. Pero son más las buenas noticias, claro. Aparte de esa cara temible del ataque, Vittor jugó como para adueñarse definitivamente de la titularidad. Al menos hasta que vuelva Acevedo, no hay más que probar.Sigue en construcción. Peleando arriba, inaugurado a medias, con goles que se llevan bárbaro con el paladar de su historia y dudas a la hora de retroceder que casi le arruinan la fiesta. Tuteándose con el Primer Mundo pero paseándose por el Tercero. A Colón le punta le quedó grande y si Laverni no hubiese echado mal a Fuertes, el partido no habría tenido otro destino. La fiesta era de uno solo. Que hizo tres goles dignos de Libertadores de América.
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