Por César Cáceres para LaViseraUna vez más, bajo una estruendosa silbatina y al unísono canto de “Que se vayan todos, que no quede ni uno sólo”, se retiraron del campo de juego, los jugadores que perdieron, con baile incluido, 1-5 frente los suplentes de Estudiantes, en Parque Patricios.
Es que la actuación del equipo fue nuevamente deprimente, pésima, paupérrima, vergonzosa, que no hace más que reflejar la cruda y triste realidad que vive Independiente, en todos los aspectos, desde hace mucho tiempo.
No se salvó nadie de los insultos. Los jugadores, el Tolo Gallego y Comparada (uno de los grandes responsables de este presente) fueron el centro de los agravios, epítetos y cánticos que muestra a las claras el pensamiento que tiene el hincha hoy. Se terminó la paciencia. La situación no da para más.
La semana pasada dije que éstos jugadores no tienen jerarquía, nivel ni profesionalismo para vestir esta camiseta. Una vez más, los hechos lo demostraron. Es un equipo sin alma, sin carácter, apático, que parece no tener sangre en las venas. No sabe a qué juega. Lo único que hace es pasar papelones ante cualquier rival que se pare en campo contrario.
Era inexplicable ver cómo estaban todos perdidos dentro de la cancha. No podían dar un pase a un compañero que estaba a tres metros. Los delanteros brillaron por su ausencia, los volantes volvían trotando y los defensores dieron todas las ventajas que podían dar para que los jugadores de Estudiantes hicieran lo que quisieran. Sólo Montenegro mostró un poco de vergüenza e intentó hacer algo distinto.
El domingo se tocó fondo. ¿Se puede jugar tan mal? Quedó demostrado que sí. Los jugadores son los que ejecutan las acciones pero los planteos tácticos y quien los manda a la cancha es el técnico. Gallego cuenta con el crédito del hincha, pero en algunas cosas se viene equivocando feo. Sigue colocando en el campo de juego a jugadores que no rinden: Guillermo Rodríguez, Caracoche, Ledesma, Moreira, Fredes, Sosa, Gandín, Núñez. El Tolo dijo que quería repetir el mismo equipo de acá al final del campeonato pero todos los partidos realiza varios cambios. A los juveniles que promovió después los borró (Godoy, Vittor, Mancuello). Los cambios que lleva a cabo en los partidos no producen ninguna modificación en el trámite del encuentro. Creo que debería hablar menos y hacer un poco más, si es que puede, por el bien suyo y del plantel.
Es muy triste ver a los hinchas colgados del alambrado, con los ojos llorosos, que ven como un grupo de jugadores están tirando a la basura tanta historia, tanto prestigio, tanta mística. Como señores de sesenta o setenta años, que vivieron los momentos más gloriosos de esta institución, ven este presente tan duro y doloroso que nos toca vivir.
La gente ya emitió su opinión desde la tribuna. Es hora de que las cosas empiecen a cambiar de una buena vez. Se necesita tranquilidad, serenidad y racionalidad de todas las partes, para enderezar este barco que navega a la deriva desde hace mucho tiempo. Hay que traer jugadores de jerarquía, que estén a la altura de las circunstancias, que le devuelvan al club todo el prestigio que perdió en estos años.
El Tomás A. Ducó fue un verdadero infierno. La gente estaba en llamas y no es para menos, después de sufrir semejante humillación. El cielo de la tarde-noche del domingo, era tan negra como el presente de este Independiente. La llovizna que caía del cielo no era propia de las nubes. Eran las lágrimas de los hinchas que sufren partido tras partido, con ésta dolorosa realidad que nos toca vivir y que parece no tener solución por el momento.
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